sábado, 10 de diciembre de 2016

Imperdible: Elastica - "Elastica" (1995)



















En 2005, justo una década después de que este disco arrebatase al Definitely Maybe de Oasis el récord al debut de un grupo británico que más rápidamente se había vendido de la historia (a los hermanos Gallagher la corona les duró siete meses), sus dos principales fuerzas creativas se retiraban, por separado, de la vida pública. Donna Matthews (guitarra, voz) había sido la primera de ambas en marcharse de Elastica, cuando aún se estaba gestando un segundo disco que parecía que, de ver la luz, sería cuando los miembros de la banda saliesen del estudio con los pies por delante. Justine Frischmann (voz, guitarra) siguió adelante, medio insatisfecha, y acabó echando el cierre definitivo en 2001, una vez editado el inevitablemente descentrado The Menace (2000). Las dos son personajes recurrentes en los artículos encabezados con el titular "¿Qué fue de...?", quizás porque lo que hicieron con sus vidas después es de un perverso contraste con lo que se recuerda de ellas en el deslumbrante 1995. 

Rejuvenecida (o más bien renacida), entre 2002 y 2005 Donna estuvo al frente de otra banda tremendamente interesante, Klang, en las antípodas de la inmediatez de Elastica. La expulsión de su sistema de toda la heroína de la que había abusado conforme aumentaba su popularidad vino de la mano de su conversión al cristianismo y su absoluta entrega a la figura de Dios. Después de Klang, se acabó retirando a la vida campestre, opuesta al pecado de la vanidad bajo los focos. "Estaba muy rota antes de que el grupo triunfase. No tenía ninguna noción de que yo valiera algo por el simple hecho de existir", explicaba en una de sus últimas entrevistas, para Artisan en 2007. "Creía que si me valoraban otros sería alguien especial y querida. (...) Ahora el hambre que tengo es porque Dios me diga, '¡Bien hecho!', así que estoy centrada en complacerle". Justine, recién finiquitado Elastica, presentó programas sobre arquitectura moderna en la BBC antes de marcharse a América para estudiar arte visual, a lo que se dedica en la actualidad, felizmente casada desde 2008 con un profesor de ciencia con quien vive en San Francisco. Cuando responde a preguntas sobre música, suele enfurecer a los seguidores que no superan su ausencia, que leen desdén y esnobismo en lo que, en realidad, es un frío análisis del mal recuerdo que tiene de los años de excesos y la exposición a la que se vio sometida en Gran Bretaña. "No tengo ningún deseo de hacer música, honestamente", declaraba hace un par de meses. "Una de las lecciones más valiosas fue darme cuenta de que el éxito no es necesariamente enriquecedor o alentador. Vivimos en una cultura donde hay mucho énfasis en las celebridades y todos crecemos sintiendo que ser famoso debe ser fantástico". Aunque manejadas desde lugares muy distintos, las posiciones de Donna y Justine son llamativamente cercanas; y el dolor y la desorientación que sintieron en la época, muy parecidos.

















Elastica (1995), el disco, trajo consigo una resaca destructora a un cuarteto que, hasta que empezó a sucumbir a la incomodidad y a la confusión, parecía encapsular a la perfección -con su música pero también con su imagen- un amalgama de hedonismo juvenil, arrogancia llevada con sentido del humor, seguridad y sensualidad. Justine Frischmann había tocado la guitarra en Suede desde su fundación hasta que su relación con Brett Anderson (su pareja desde 1988, cuando se conocieron en la universidad) llegó a un punto muerto en 1991. Sabía que por su cuenta quería hacer música inmediata y concisa, alejada del teatro confesional de la banda que acababa de dejar; ir al grano, no dejar espacio al aburrimiento. "Fue una reacción al drama de Suede. Estaba harta de todo el rollo 'el amor y el veneno de Londres'. Me recordaba a cuando estaba con Brett, así que no quería ni acercarme a eso", dijo en un suculento artículo de 2003. Reclutó a Justin Welch (batería), que también estuvo en Suede de manera efímera; y a Annie Holland (bajo), a quien se la presentó una amiga común. Donna Matthews respondió a un anuncio que pusieron en Melody Maker buscando guitarra solista.

En 1993, en el Reino Unido se disipaban las olas de ruido borroso de los shoegazers y el britpop empezaba tomar forma como respuesta jactanciosa de tono patriota a las guitarras americanas que se impusieron en la industria musical después de Nirvana. Elastica ficharon con una compañía minúscula y recién estrenada, Deceptive, de la que era socio el locutor de la BBC Steve Lamacq, y un primer single limitado a 1500 copias bastó para prender la mecha de un hype que se estiraría con anticipación y ardor hasta que apareció el álbum la primavera de 1995. Había ganas de Elastica porque entonces nadie ofrecía lo que ellos: a los atmosféricos, respondían con urgencia; al nihilismo y a la angustia del grunge, con desapego y diversión; al drama, con pragmatismo; a las estudiadas postales de la Britannia reivindicada a través de la ironía, con indiferencia.















Elastica -la gran tradición de dejar como epónimo el disco de debut, como ya hicieron desde The Clash y The B-52's a Violent Femmes, Pretenders o Madonna; la publicación NME organizó un concurso para titularlo pero el grupo no aprovechó ninguna de las absurdas sugerencias- es, probablemente, el único álbum de la era del CD que cuenta con un total de 16 pistas y puede presumir de no hundirse a causa de excesos y relleno. Solo un tema pasa de los cuatro minutos; una docena no llega a los tres. Con el ingeniero Mark Waterman y a través de la visión minimalista de Justine, que admitía que ponía orden en el local de ensayo si Annie y Donna empezaban a hacer jams improvisadas, elaboraron un estilo que despedía aromas familiares del punk de finales de los años 70 y sus inmediatas ramificaciones más arrimadas al pop. Su fascinación por esa época les llevó a jugar con fuego y quemarse: tuvieron que llegar a un acuerdo económico extrajudicial con Stranglers cuando se empezaron a señalar las similitudes entre el clásico teclado de 'No More Heroes' y el punteo con el que Donna vertebraba 'Waking Up'; reminiscente sin ser un calco, al contrario que su apropiación de un fragmento de 'Three Girl Rumba' de Wire, fusilado en 'Connection'. Justine le quitaba hierro: "'Ibamos a samplearlo, pero entonces encontramos ese sonido de teclado. Creo que la gente tiene un problema si tocas algo tú, pero no si lo sampleas. No le veo la diferencia. Muchas grandes canciones del pop vienen de otras. (...) Jean Jacques Burnel [Stranglers] escribió al NME diciendo: 'Eh, dejad de atacar a Elastica'".

El art-punk de Wire es un referente claro para las canciones más intrincadas. La interacción entre una guitarra siempre sucia, otra que emite punteos tenaces y un bajo atlético que redobla el efecto del ritmo, definen el humor de piezas como 'Line Up' y la edificante '2:1', que Donna escribió sobre la idea de conquistar el miedo tras dar su primer concierto frente a su familia y amigos. Justine, con una voz grave y a veces displicente, aporta una actitud única, la de alguien impertérrito y seguro que habla con espontaneidad de relaciones sexuales deseadas y otras fallidas, celos, promiscuidad y groupies. Cuanto más juguetón el tema, más sexy ('Connection', 'Car Song') y más arrimado a la new wave ('Hold Me Now' sabe a la robótica de Devo hecha sensualidad).

















Composiciones de punk-pop veloz que retrotraen a Buzzcocks y a Blondie azotan el repertorio intermitentemente ('Annie', 'Smile', 'Blue', 'All-Nighter') pero ninguna exuda el saludable descaro y la adrenalina que recorre 'Stutter', donde una Justine perversa le lee la cartilla a un novio que tiene un gatillazo por estar borracho y la banda suena ágil como nunca (no en balde, fue éste su primer single en 1993). Lo más desconcertante quizás sea 'Indian Song', una improvisación psicodélica con percusión hindú incluida -Justine bajó la guardia- registrada a las tres de la madrugada en el estudio. 'Waking Up' y especialmente 'Never Here' (una reflexión sobre lo insulsa que se había vuelto su relación con Brett Anderson) están más elaboradas, la segunda sonando como si Mark Waterman se disfrazase de Gil Norton produciendo Doolittle de Pixies, y se agradece que aporten momentos de cierta introspección. Después de tal sutileza, se permiten cerrar el disco con su canción más pueril y pegadiza, 'Vaseline' ("Cuando pegues como el pegamento / vaselina / si quieres enamorar / vaselina / la la la la, ...").

Girando para apoyar el disco durante prácticamente 18 meses sin descanso, todo empezó a desmoronarse. Annie se fue del grupo a finales del verano de 1995, alegando agotamiento públicamente pero Donna reveló años más tarde que fue en gran parte motivado por su consumo de heroína. Ella misma y Justin Welch, que se habían hecho pareja, también estaban enganchados y todos intentaban ocultárselo a Justine. Cuando volvieron a Gran Bretaña, tenían planes para editar un single producido por Flood a principios de 1996 que nunca se materializó. A Justine le disgustaba el aspecto fraudulento y artificial que había adquirido el britpop, del que ahora se hacían abanderados hasta los políticos. Incluso siendo pareja de Damon Albarn los últimos cuatro años, no podía ocultar que The Great Escape de Blur le había parecido una autoparodia. Mirando atrás en 2002 lo resumía: "Había una reverencia nada crítica rodeándolo todo... A mí me había parecido que quizás yo formaba parte de una fuerza que iba a hacer que la música fuese más osada y más interesante, y de repente Blur tocaban en el estadio de Wembley y eso se esfumó. De nuevo, ya no tenía nada que ver conmigo". Elastica empezaron a esperar en 1996. Esperaban a que el panorama a su alrededor fuera más afín a lo que ellos deseaban; esperaban a dar con algo que no fuese una simple continuación del disco epónimo; esperaban mientras se destruían pretendiendo que no. La espera fue su cortina de humo.



Spotify nos priva de Elastica en España,
como alternativa, el disco entero y dividido
por pistas en una lista de YouTube


1 comentario:

Pereiro dijo...

Un disco muy, muy, muy molón!