lunes, 11 de agosto de 2014

Directo: PJ Harvey en Glastonbury, 24/06/1995





















El otro día tropecé por casualidad con la que, si no me equivoco, es la imagen más reciente que circula por ahí de PJ Harvey, y una de las pocas que hemos tenido de ella desde que acabase la gira de presentación del disco Let England Shake en Australia, en enero de 2012. Ahí colgó, como tantas veces, los trajes del vestuario de su último personaje y volvió a entrar en ese periodo de goce de la vida privada y reflexión -incluso estudio en los tiempos más recientes- que acaba desembocando en un nuevo trabajo. El plazo que suele darse es de un máximo de tres años y, sin noticias a estas alturas, parece ser que por primera vez va a darse un mayor margen para reaparecer (Let England Shake fue publicado el ya lejano invierno de 2011).

La fotografía que encontré fue tomada el pasado 14 de julio, en el primero de una serie de eventos denominados Spotlight Salon, protagonizados por artistas femeninas y organizados por la publicación británica AnOther. En esta ocasión la protagonista era Marianne Faithfull (con quien Harvey escribió canciones para el disco Before the Poison), que estuvo acompañada de Anna Calvi -que ha colaborado en su próximo disco- y la realizadora Samantha Morton. Retratada en un blanco y negro granulado, la expresión de PJ Harvey es serena. La vista dirigida a su derecha, el pelo largo y medio recogido; una naturalidad desnuda que ha ido esculpiendo conforme ha madurado y que parece en las antípodas de su periodo más colorido y exuberante, el de la gira que emprendió cuando se publicó To Bring You My Love en 1995.





















Por supuesto, comparar el aspecto de una persona en dos imágenes separadas por casi veinte años y señalar las diferencias no tiene ningún misterio. Es un ejercicio mucho más aclaratorio y sorprendente contrastar las instantáneas de Harvey cuando actuó en el festival de Glastonbury de 1992 y las de su segunda aparición en el mismo evento tres años después para entender las dimensiones teatrales que adquirió su figura. En 1992, la cara lavada y el pelo peinado para atrás, recogido en un moño húmedo; un único pendiente en la oreja derecha, camiseta de tirantes, Doc Martens y vello en las axilas, minúscula tras una guitarra Gretsch roja y enorme (algo así). En 1995, ni el peso del excesivo maquillaje en el rostro puede eliminar la sensación de que se pasea ligera como una pluma. Pestañas postizas y sombra de ojos azul, el pelo planchado y suelto, un mono fucsia ajustado con la cremallera bajada lo justo para revelar un sostén negro y tacones altos. To Bring You My Love no solo brindó la expansión de su sonido y de su creatividad, sino que también le permitió soltarse y llevar sus actuaciones a otro nivel, entregándose al rol de intérprete sobre el escenario y liberándose de la carga del papel de músico. 

Todo ello ha hecho que esa gira de PJ Harvey haya adquirido un carácter legendario a lo largo de los años. Fue elogiada por prensa y asistentes cuando sucedió y posteriormente se considera algo único porque Harvey nunca volvió a prestarse a exagerar su personaje de forma dramática en un espectáculo a esos niveles. Que 1995 fue el año de su consolidación queda certificado incluso en anécdotas como las declaraciones para NME de una Madonna aturdida por su confusa posición en el mundo del pop a finales de ese año: "Me encanta PJ Harvey, también, creo que sus letras son brillantes. Es alguien muy torturado y me siento atraída por la gente torturada. Soy una gran fan de ella y de Sinéad. Soy una gran fan de todas las artistas femeninas torturadas". No hace falta añadir que nunca ha vuelto a mencionarla desde entonces. Pero la intérprete que salía a escena, gigante, coqueta e imponente, poco tenía que ver con la chica frágil y deprimida que había detrás. Harvey solo tenía 25 años y llevó a cabo una gira exhaustiva de más de 120 fechas en diez meses, mezcla de recitales y de compromisos promocionales, que acabó de manera prematura con la cancelación de toda su agenda para el mes de diciembre, cuando regresó a la casa de sus padres en Dorset (al sur de Inglaterra) para refugiarse. Poniéndolo en perspectiva en 2004, admitió que estaba en modo autodestructivo, descuidando su salud física y mental.





















El concierto en Glastonbury de 1995, en el escenario principal al atardecer del sábado 24 de junio, es especial porque es uno de los más importantes y recordados de su carrera. También porque el sonido es rotundo y colosal. Cuando la gira recalaba en clubes y salas de conciertos, la banda recreaba las atmósferas secas del disco que presentaba con notable fidelidad, pero en el escenario grande de Glastonbury ampliaron el grano de las texturas con el fin de adaptarse a los requerimientos de un emplazamiento con capacidad para más de 80.000 personas, y sobresalieron. PJ Harvey apareció rodeada de su buen amigo y colaborador John Parish (guitarra), Joe Gore (guitarra, conocido por su trabajo con Tom Waits), Eric Drew Feldman y Nick Bagnall (alternándose bajo y teclado) y Jean-Marc Butty (batería). Todos menos Feldman y Bagnall habían tocado en To Bring You My Love y en directo se nota que tenían permiso para llevar sus aportaciones hacia algo más expresivo y descontrolado, especialmente en el caso de Joe Gore: nada más empezar el concierto con un 'Meet Ze Monsta' que suena más titánico que cavernoso, se descuelga con un arreglo de guitarra reminiscente de un taladro que funciona a tirones, más aventurado y excitante que lo que oímos en el disco, y en 'C'mon Billy' se olvida del lamento acústico original y la pasa por el filtro eléctrico con unos punteos perturbadores y de influencia oriental (el arreglo orquestal es susituido por acordeón, además). 

Durante todo el set la voz de PJ Harvey suena firme y con el punto quebrado perfecto, tanto en los momentos donde se permitía contonear el cuerpo y golpear la pandereta con sensualidad o corretear por el escenario (la sardónica 'Working For the Man' es un momento álgido que ya se intuye juguetón sin verla a ella) como en los más íntimos, pocos pero muy reivindicables teniendo en cuenta que se trataba de un concierto en un festival multitudinario lleno de gente probablemente impaciente: les reta muy al principio con una versión ralentizada de la desgarradora 'Teclo' y para cerrar el set rescata la recóndita 'Goodnight', sostenida por la slide guitar tocada con un cuchillo de Joe Gore y adquiriendo un tono épico cuando ella golpea un bastón en el suelo y entra John Parish a la segunda guitarra. PJ hizo pocas concesiones a los dos discos que había grabado en formato de guitarra, bajo y batería: sonó la chulesca 'Hook', emulando el arreglo que tenía en su maqueta original, y hacia el final del concierto -reinventadas por la vía sutil- 'Me-Jane' (una versión a trote de las maracas y los timbales, más carnosa y voluptuosa que la original) y '5o Ft Queenie' (menos agresiva que antaño, acercándose al rockabilly). 

Pero si en una canción lograba sublimar su esencia, darle la vuelta y acercarla al universo romántico y oscuro de To Bring You My Love, era en la única repesca de su primer disco, interpretada en un bis pedido a la desesperada por un público encendido. Cuando la banda está regresando al escenario para tocar esa última canción, se oye a alguien pidiendo 'Man-Size', el incisivo segundo single de Rid of Me (1993). Harvey tenía más conocimiento. Despidió a Glastonbury habiendo oscurecido y lo hizo con 'Water' en una versión inolvidable, tocada en un tempo más lento, con un solo de guitarra erótico, unos teclados de agua suspendida en el aire y la interpretación vocal quizás más nítida y sensible de la velada. 


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