El despiece: Bandit Queen

La página web de NPR Music, sitio multimedia de la radio pública americana, lanzó a finales de julio una lista titulada Los 150 mejores discos hechos por mujeres y, debo admitir, me llevé las manos a la cabeza con la sola ojeada a ese enunciado. Los cerebros de la redacción, previsores con las reacciones de indignación espontánea como la mía ahora que el feminismo lleva una temporada de moda, se dan una palmadita inexplicable subrayando que la lista ha sido confeccionada por 50 empleadas de la radio. Mal: una vez más son ellas quienes tienen que reivindicar a las de su sexo, ratificando la dificultad que tienen los escritores varones para identificarse (o al menos admitir que lo hacen) con el trabajo de una mujer artista -más allá de la excepción- sin ser asaltados por un extraño complejo de inferioridad cuando sienten que podría figurar entre la sucesión previsible de deidades masculinas. Y la pequeña introducción prosigue explicando que la lista "reconsidera la música popular para poner a las mujeres en el centro". Mal otra vez: ¿ no se pondrá a las mujeres en el centro de la música popular cuando tengan representación en las mismas condiciones generales y nunca cuestionadas de las que disfrutan los hombres, cuyos trabajos ocupan el 90% del grueso de las complacientes listas de 150 mejores discos (punto)? Apartarlas de lo universal para hacer como que se las escudriña a parte, apilarlas para valorarlas, tiene un punto desacertadamente condescendiente que aún hoy lo dice todo.

Otra práctica extendida y a menudo perversa con ellas es la de diseccionar su estilo y restarle mérito y valor, dándole a cada pedazo analizado el nombre de otra artista que, habitualmente por unanimidad, ya ha disfrutado de un trato favorable por parte de los críticos. Documentándome para este artículo sobre Bandit Queen, una humilde formación de Manchester de la que existen unos pocos recortes de prensa de 1995 y 1996, me doy cuenta de cuántas veces se enterró al combo en un hoyo bajo paladas de arena de dos sacos etiquetados: The Breeders y PJ Harvey. Esquematizar echando mano de referentes adivinados es una herramienta buena y recurrente para describir el arte (también le sienta muy bien al ego) pero muy a menudo rebaja la sustancia de la obra que estamos tratando; pasamos por alto lo personal, que lo hay, en favor de un mínimo común denominador que nos congratula haber descubierto pero que bloqueará probablemente el acceso al fondo y a los detalles. La década de los 90 fue una de las más ricas en lo que se refiere al surgimiento de bandas dirigidas por mujeres pero, precisamente por el adocenamiento sistemático de artistas femeninas que aún sufrimos, a algunas como Bandit Queen a penas se les permitió existir. Por suerte, le saco el polvo al CD-single Miss Dandys (1995) y redescubro una pegatina en el reverso de la caja con una selección de citas favorables en prensa, como "Un sonido divino, sudoroso y sexy" (NME); "No podrás imaginar un masoquismo más dulce" (TimeOut); o "Brillantes melodías, armonías consistentes y guitarras tan dentadas como cepos" (Select).

Este prólogo sobre la cuestión femenina tiene todo el sentido para hablar de una banda que en su trabajo fue de frente con su posicionamiento feminista, así como de apoyo a los transexuales y a los homosexuales. Lejos del enfado estridente y aleccionador de las riot grrrls, en Bandit Queen estos temas se inmiscuían con un tono personal y modesto en las letras pero con una intención más directa en el uso iconográfico de los referentes que les inspiraban. El apodo de la bandolera india Phoolan Devi -que inició una vida inconcebible de rebelde y criminal tras huir de un marido que la pegaba y la violaba cuando tenía solo once años- bautizó al grupo; un verso del poema Fragmento 11 de Safo ("Me abrasas") inspiró la letra de 'Scorch'; la imagen de Frida Kahlo iluminó la portada de su primer álbum. "Muchas de nuestras canciones tratan sobre no ser una persona normal. (...) Escribimos canciones sobre la gente que hasta cierto punto son minorías, supongo", declaraba Tracy Godding (voz, guitarra) en 1996. Todos los elementos venían concretándose hacía tiempo. Bandit Queen era el segundo proyecto donde Godding coincidía con Janet Wolstenholme (bajo, voz) y David Eric Galley (batería), sección rítmica que permaneció cómplice suya cuando se disolvió Swirl. La música de esa banda, con una formación idéntica pero que completaba Kenna Chrisholm (violín, guitarra), avisaba de la emoción contenida en la voz de recio terciopelo de Tracy; de su carencia de miedo para dibujar las melodías con destellos de soul y R&B aplicadas a piezas de pop psicodélico y austero ('Shimmer', 'Helicopter'); guiños a The Smiths ('Grass Harp (Sing For Me)'); dream pop espacioso (el violín le da a 'Ariel' el mismo toque sobrecogedor que le daba a nuestros El Regalo de Silvia); una balada húmeda de anhelo en compás 3/4 ('Burst'); o rock con un punto rústico como el que cocía John Parish en Bristol formando parte de Automatic Dlamini ('Power In Numbers'). El sello mancuniano Playtime editó entre 1990 y 1992 todos sus singles y un álbum, Plumptuous, que desde la portada celebraba la feminidad fuera de los cánones usando la fotografía de dos mujeres desnudas en un sofá, trayendo a la mente la naturalidad curvilínea de la Venus de Dolní Věstonice. Las alusiones a la identidad de género ya figuraban en temas como 'Hey Blackbird' y 'Androgeny'.

Quizás Bandit Queen surgiese de una necesidad de concisión en contraste con la variedad ostensible en el repertorio de Swirl, que en sus últimos días había llegado a sumar en sus filas hasta seis músicos. La nueva banda se quedaría reducida a un trío ganando en empuje y consistencia, no solo por prescindir de las florituras aéreas del violín sino por el enfoque propio de los nuevos temas. Playtime se ocupó también de sus lanzamientos y el primero llegó en 1993, Dirt and Soul, un EP con un título que podía resumir esa frase de una biografía promocional -suscrita por la banda- donde se apuntaba que fueron "criados con una mezcla ecléctica de Motown, Al Green, blues chirriante, post-punk y Blondie". Aún así, el sonido apagado de las cinco canciones -una autoproducción del trío que resulta en no-producción; incluida 'Money', producida por Steve Power- no hace justicia todavía a su potencial. Lo dedicaron a "las reinas de los bandidos de India que eligieron ser forajidas en vez de esclavas de un sistema" y una fotografía distorsionada de Phoolan Devi ilustró la portada. El tono gris con el que registraron temas impregnados de blues como 'Full Tank of Petrol' o 'Cross-Dressed Blues' ("Te saludaré en la intersección / Si al diablo le gusta una canción, la comprará / Dale a él tu alma y tu cuerpo a la ciencia / Blues del travestido") hace que sean demasiado laxos como para morder o alcanzar el punto de persuasión que seguro pretendían. La pieza titular o la antimaterialista 'Money' son ejemplos de cómo el dúo compositivo Godding/Wolstenholme se dirigía a dinamitar con garra los arranques pop-rock de antaño, aunque al final quizás sea 'Big Hearts Bleed' la que mejor aguanta el tipo, abrazando el pop con relajo. John Robb capturó mejor su pasión en el estudio Suite 16 de Rochdale (Manchester) a principios de 1994, pero sus mezclas en los singles Scorch (1994) y Queen Bee (1994) carecían de brillo.

Fue otro productor, Pat Collier, quien se puso al mando -según Godding a petición de él mismo- para completar el grueso del primer álbum de Bandit Queen. Quizás una elección perfecta teniendo en cuenta que había supervisado tanto grabaciones de bandas ruidosas (The Jesus and Mary Chain o The House of Love) como de pop comercial (Katrina and the Waves) y esa era la línea sobre la que ellos hacían acrobacias. Collier grabó con la banda siete temas en Londres y se encargó de remezclar el material registrado con John Robb sacándole un partido increíble, plasmando su sonido de una forma al fin estimulante. Hormone Hotel (el título es una metáfora del cuerpo humano que Tracy soñó) fue publicado en Europa y el Reino Unido en febrero de 1995, habiendo conseguido el grupo la autorización para usar en la portada una de las fotografías más conocidas de Frida Kahlo, realizada por su amigo Nickolas Muray el año 1939 en Nueva York. "De todos modos, ella no es muy conocida en Inglaterra, mucha gente cree que la mujer de la portada es una de nosotras con un disfraz", decía Tracy en el Rockdelux de septiembre de 1995. El disco tiene con la remezclada 'Scorch' un inicio arrollador, acalorado y sexualmente tenso ("Dentro de mi cabeza trazo líneas mojadas sobre tu pecho"); un tema estructurado con golpes de efecto y ataques de guitarra afilada ejecutados a traición que se irán sucediendo en otros rincones del disco. La voz de Tracy se alza imponente al final. Una actitud similar guía canciones que se contonean con astucia como 'Petals and Razorblades', 'Back In the Belljar' y la inesperadamente intrincada 'Nailbiter', que empieza como un medio tiempo delicado y desemboca en un estribillo de blues mugriento tocado en un compás distinto. 'Big Sugar Emotional Thing' se desarrolla según el alterne de contundencia y calma patentado por Pixies en Surfer Rosa. La pegadiza 'Miss Dandys', un tema de pop clásico sin prescindir del tono abrasivo de las guitarras que define el sonido en el álbum, habla con ternura de una mujer transexual y fue el single elegido; algo subversivo para un Reino Unido saturado de britpop (el sujeto se lo inspiró a Tracy la historia del club The New Marilyn en Tokyo, donde gigolos travestidas como hombres entretenían a sus clientas). Y es que cuando Godding se deja llevar por la melodía no es difícil afirmar que sus canciones podían haber sonado en emisoras de FM cualquier tarde: 'Blue Black', 'Hormone Hotel', ... ¿A caso no es 'Overture for Beginners' algo como un 'Is This Love?' de Alison Moyet para la generación X?

La banda realizó varios conciertos a lo largo de 1995 (visitaron España en primavera y otoño) y empezaron el año 1996 promocionando Hormone Hotel en los Estados Unidos, donde había sido licenciado por el sello independiente Mammoth para editarlo (suprimiendo la canción 'Essence Vanilla', presumiblemente porque la palabra "coño" figuraba 32 veces), pero no hubo demasiado alboroto alrededor de su publicación. Los tres se pusieron pronto a preparar su segundo álbum y acabaron entrando en el estudio de la mano de otro productor que les sentaba como un guante, Mark Freegard, ingeniero en discos de Pale Saints, Chapterhouse, Lush o Madder Rose. Las sesiones tuvieron lugar en el estudio Parr Street de Liverpool en 1997 y permanecieron inéditas. No fue porque fuesen insatisfactorias, sino que el cese repentino de Playtime como sello discográfico y la dificultad de Bandit Queen para encajar en un panorama musical que se había vuelto más conservador que cuando surgieron, acabó con una separación amistosa del grupo en 1998 que dejó el segundo disco en la sombra. Fue la propia Tracy Godding quien lo comercializó íntegro por sorpresa a través de la plataforma digital Tunetribe alrededor de 2006, comentándole al autor en un mensaje en 2009: "Quién sabe, quizás un día se publique. Si te soy honesta nunca lo he intentado". El disco, originalmente titulado PET, también estuvo a partir de 2010 en Bandcamp pero de ahí desapareció tres años después, quedando solo cuatro temas de muestra. "¡Playtime Records está planeando la esperada publicación de este disco 15 años después de haber sido grabado!", dice en la página, anunciando el resurgimiento de la que fuera su discográfica. El director del sello ha prometido hace unos días que no es un proyecto abandonado y que debería materializarse en 2018.

Es una lástima que PET (que pasó a titularse Miracle for Sale desde que se anunció su publicación oficial) siga inédito 20 años después de concebirlo y que al final estuviese al alcance de la gente por un tiempo limitado dado el bloqueo actual. Es un disco más sólido que Hormone Hotel si cabe, o por lo menos más cohesivo. La producción de Freegard eleva los logros de Pat Collier en el pasado y nos encontramos con un sonido más robusto y detallista con los ambientes. La guitarra se cuartea como un mineral, y es inevitable acordarse de la producción de Trina Shoemaker para el disco University de Throwing Muses cuando se escucha el serpenteo sensual de 'Taxi Driver', las notas elegidas en las estrofas de 'Miracle for Sale' (otro inicio de álbum excepcional apostando por la baza de su faceta más agresiva) o el misterio recogido entre la percusión minuciosa y el teclado en 'Polaroid', antes de que la arrastre una refrescante descarga de distorsión. El grupo experimentó en esta ocasión con diferentes arreglos fuera de su esquema de power trio, desde vientos, cuerdas y cajas de ritmos minimalistas a los loops sobre los que se apoyan 'Gangster, Soldier, Cowboy' -arrimada al hip hop- y 'Drive Me Crazy', una canción sinuosa y con influencia 60's ('Happy Pill', un acercamiento acelerado al drum'n'bass, desapareció en el tracklist de Bandcamp pero figuró en la primera descarga de Tunetribe). "Es cómo suenas, no el aspecto que tienes / es el aspecto que tienes, no cómo suenas", canta Tracy en 'Image Blues' con notable cabreo, y parece canalizar toda la incomprensión con la que se encontraron. En 'Miracle for Sale', que llegado un punto se precipita sobre un dramático abismo al son de unas trompetas de tinte hispano, también dice: "Milagro en venta / Sigue soñando". Pienso que nos quedamos muy pronto sin una banda que mejoró muy rápido. Y la personalidad con la que se explicaba esa voz... 'Overdriven Minds', una de las piezas que todavía nos permiten escuchar de este disco secuestrado en Bandcamp, te arropa como el 'Slave to Love' de Bryan Ferry (relación sensorial automática; usa la misma progresión de acordes en el estribillo). Similar pero distinto. Las comparaciones no valen para las sutilezas, en efecto.


Para escuchar en Spotify:

En Bandcamp:
(4 temas actualmente)

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Comentarios

toni vega ha dicho que…
Hola Estanis. Te quería pedir un favor. Tengo casi todos los números de Rockdelux habidos y por haber, pero hay uno que se me resiste. No sé si podrías facilitarme la sección Interferencias de ese número y la lista de discos nacionales de los 80. Gracias de antemano.
toni vega ha dicho que…
Se me olvidaba decirte el número :D. El 66.